Me extrañaba la sencillez de aquel amanecer. Despeinada, corrido el delineador, mis labios ante el espejo sangraban. Un dulce aroma a almendras en la habitación, penetrante. Un escalofrío por mi espalda al sentir la suave y fría arena en mis pies. Un amanecer indescriptible. Lentamente sus rayos se asomaban, inundando el día, incendiando mi mirada.Sueltas telas me envolvían con la cálida brisa se me acercaban.Ya su reflejo en el mar se veía, sus rayos, su poder, caliente el paraíso en aquel ayer.
Sepultado bajo la oscuridad abrumadora de la tempestad se halla el cuerpo destruído de un cielo perfecto, de un amanecer encantado, de un placer alejado.
Sepultado bajo la oscuridad abrumadora de la tempestad se halla el cuerpo destruído de un cielo perfecto, de un amanecer encantado, de un placer alejado.

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