Palpitando sin cesar sus verdes raíces
hundíendose en cada segundo
esperaba en silencio el suave temblor
que estallaría melodías de funesto dolor
Fluía rojo el inmaculado río, hasta entonces
cristal salado por sus lágrimas en flor
Perdiéndose en los amargos matices
y el saturado sonido del débil color.
hundíendose en cada segundo
esperaba en silencio el suave temblor
que estallaría melodías de funesto dolor
Fluía rojo el inmaculado río, hasta entonces
cristal salado por sus lágrimas en flor
Perdiéndose en los amargos matices
y el saturado sonido del débil color.

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